La propiedad de los productos y el cambio climático

Existe un consenso casi unánime entre los científicos de que el cambio climático sigue agravándose cada año y que ahora representa una grave amenaza existencial para la humanidad. Los fenómenos climáticos extremos que hemos presenciado solo en los últimos años dan cuenta de este hecho. Es importante comprender que nuestro estilo de vida moderno y el consumo de recursos son la raíz del cambio climático. A medida que el capitalismo se afianzó en el mundo, comenzando con el comercio del algodón en el siglo XVII, nuestro mundo se encaminó hacia una colisión con un cambio climático catastrófico. Ahora estamos empezando a sentir el impacto de esta colisión inminente. Si el período 2020/21 es un indicio de esto, nos espera un camino difícil.

El cambio climático y la propiedad de los bienes consumibles

Si clasificáramos todos los bienes de consumo en dos grandes categorías, tendríamos: (1) bienes que usamos de manera habitual, como automóviles, computadoras y aparatos electrónicos; y (2) bienes que coleccionamos por su valor percibido a largo plazo o atemporal, como terrenos, oro, diamantes o pinturas. La mayoría de las personas pasa una parte considerable de su vida anhelando y esforzándose por comprar el primer tipo de bien. Desafortunadamente, es aquí donde el capitalismo y nuestro deseo de comprar y poseer estos bienes de consumo han agravado el cambio climático y han hecho que sea algo difícil de abordar a tiempo.

El capitalismo se basa en el principio de libre mercado de la oferta y la demanda, en el que el precio de un producto depende de la demanda y de la disposición del consumidor a pagarlo. Con el tiempo, los consumidores deciden qué y cuándo comprar, basándose en el precio y la asequibilidad, por lo que la presión para bajar el precio de los productos siempre está presente. Esto lleva a los fabricantes de productos de consumo a trabajar sin descanso para reducir el precio de sus productos. Desafortunadamente, este tipo de mentalidad ha obligado a los fabricantes a diseñar y fabricar productos con materiales de menor calidad, con la expectativa de que el consumidor compre el producto con frecuencia. Esto ha dado lugar a una cultura de ‘usar y tirar’, que es la raíz del cambio climático. Estoy seguro de que a todos se nos ocurren muchos productos que parecen estar diseñados para romperse justo después de que termine el período de garantía.

Una forma de alentar a los fabricantes a producir artículos duraderos y a los consumidores a exigir productos de mejor calidad es dejar de lado la propiedad del producto y permitir un modelo de pago basado en el uso. Curiosamente, los fabricantes de automóviles percibieron esta oportunidad hace muchos años y comenzaron a ofrecer un modelo de arrendamiento para sus productos, el cual ahora representa la mayor parte de sus transacciones de venta de vehículos nuevos. Dado que, técnicamente, el producto es propiedad del fabricante hasta que finaliza el contrato de arrendamiento, se supone que tienen todas las razones para fabricar un producto más duradero y de mejor calidad. Otra ventaja de este modelo es que anima a los fabricantes a enfocarse más en el reciclaje al final de la vida útil para reducir el costo inicial de los materiales. Esto no tiene por qué eliminar la opción de propiedad para quienes prefieran esa vía, pero, tal como lo ha demostrado la industria automotriz, debería crear un ciclo virtuoso de productos mejores y más duraderos con una huella de carbono reducida en cada producto.

Debemos realizar muchos cambios pequeños —y a veces grandes— para hacer frente al cambio climático en los próximos años, pero un cambio esencial que todos podemos hacer es comprar productos de mejor calidad y promover el reciclaje o la reutilización de los productos al final de su vida útil. Esto debería ayudar a reducir la huella de carbono general de nuestros estilos de vida con el tiempo.